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La inteligencia emocional permite controlar mejor los estados de ánimo, mejorar la conexión con nosotros mismos y por supuesto con los demás, y ver lo que ocurre con una mayor perspectiva y posibilidades.

 

Hasta hace poco lo que se valoraba de las personas era su coeficiente de inteligencia.

Pero a partir de múltiples estudios y de la salida a la luz de la conocida Teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, el concepto de Inteligencia emocional ganó rápidamente popularidad.

Los investigadores se sorprendieron al descubrir que las personas con inteligencia promedio superaban en el trabajo en un 70% a aquellas que tenían mayor coeficiente intelectual comprobado.

De esta manera se percataron de que la agilidad mental, la cultura y los conocimientos no eran suficientes para alcanzar los objetivos de forma exitosa.

Se requerían así una serie de habilidades y competencias para gestionar y entender nuestras emociones y las de los demás, así como desarrollar mejores relaciones con otros a partir de ello.

Estas capacidades son en conjunto lo que se denomina inteligencia emocional y redundan en una mejor calidad de vida.

De esta manera, la inteligencia emocional pasó a convertirse en un elemento fundamental que asegura que manejemos adecuadamente nuestro comportamiento, afrontemos de forma satisfactoria las complejidades sociales y tomemos decisiones asertivas.

entrenando nuestra inteligencia emocional

El impacto de la inteligencia emocional

Nuestro cerebro está diseñado para conectar con los demás.

De hecho, al interactuar con otras varias regiones cerebrales se activan al mismo tiempo, segregan hormonas y producen sorprendentes conexiones neuronales.

Cuando las personas comparten un relato o una anécdota, sus cerebros se activan para conectar.

Existen personas que destacan por su gran memoria y capacidades cognitivas, pero que no cuentan con una autorregulación y con capacidades sociales realmente fortalecidas.

Justamente la inteligencia emocional determina cómo algunas personas tienen una mayor capacidad para ejercer control y gestión de sus emociones y apoyar a los demás en sus propios procesos de regulación.

Es así como la forma en que se afrontan las dificultades y el logro de las metas es distinto y posibilita más oportunidades de éxito.

Por tanto, quienes carecen de inteligencia emocional enfrentan importantes desafíos en sus relaciones personales y laborales.

El impacto sobre estas últimas es cada vez más notorio dado que las empresas se encuentran en entornos altamente complejos e inciertos en los que los trabajadores se someten a relevantes niveles de stress y presión.

La incertidumbre, el apremio por el logro de los objetivos y la carencia de inteligencia emocional resultan una mezcla explosiva en el ámbito empresarial que perjudica seriamente la productividad y el rendimiento.

Afortunadamente, nuestros cerebros están caracterizados por su plasticidad y por su impactante capacidad para entrenar nuevas capacidades.

Por ello, es posible poner a valer y mejorar nuestra inteligencia emocional al aprender a conocernos y controlarnos, tener perspectiva frente a las exigencias del entorno y conectar con nosotros mismos.

En la actualidad, las empresas están cada vez más conscientes de la importancia de mantener el equilibrio entre la vida personal y profesional así como de la gestión de nuestras emociones como recursos fundamentales del éxito laboral y empresarial.

El impacto de la inteligencia emocional

Entrenando nuestra inteligencia emocional

A continuación se ofrecen algunos de los comportamientos más comunes que se hacen evidentes en personas con baja inteligencia emocional.

Se trata de situaciones o acciones que conviene evitar en nuestro desenvolvimiento diario al entrenar nuestra capacidad para darnos cuenta y gestionar nuestras emociones.

1. DESCONOCIMIENTO DE LAS EMOCIONES

Puede parecer increíble pero no todas las personas conocen e identifican con claridad sus emociones.

Solo el 36% de las personas lo logran de forma efectiva.

Cuando no sabemos exactamente qué sentimos acerca de una situación generamos malos entendidos, tomamos decisiones equivocadas y no actuamos de la forma más idónea.

Practicar la definición de nuestros estados de ánimos ampliando nuestro vocabulario emocional nos permite autoconocernos más profundamente.

A mayor especificidad sobre cómo nos sentimos y cuál es la palabra más adecuada para describir la emoción, mayor será la oportunidad de gestionarla luego.

2. FACILIDAD PARA ESTRESARSE

Si eres de las personas que se tragan sus emociones y no las expresan, solo estás agregando día a día ingredientes al caldo del stress y la ansiedad.

Cuando no expresamos nuestras emociones y las ignoramos estamos dañando de forma sistemática nuestro cuerpo y mente.

La inteligencia emocional permite que afrontemos de una mejor forma el estrés al permitirnos reconocer nuestras emociones e identificar aquellas situaciones que las disparan.

Si hacemos un escaneo de cómo nos sentimos y nos damos un espacio respetuoso y saludable para manejar la presión contribuimos a liberar esta válvula de escape de la presión.

Hacer ejercicio o realizar una caminata por la naturaleza, expresar visualmente con un dibujo o pintura lo que sentimos o compartir el relato de lo que nos sucede con un especialista si así lo sentimos son algunas de las actividades que pueden ayudarnos.

Cuando no liberamos la presión, corremos el riesgo de avocarnos a métodos poco favorables como el abuso del alcohol, el tabaco o sustancias perjudiciales.

3. POCA ASERTIVIDAD

Si nos manejamos de forma asertiva, además de comportarnos con empatía y serenidad para comunicarnos, podemos ser capaces de establecer sanos límites cuando las situaciones lo requieran.

Esa sería la forma más adecuada de gestionar los conflictos que se susciten con otras personas.

Cuando una persona muestra su enfado ante nosotros, afrontaremos la situación desde la calma y el equilibrio si tenemos inteligencia emocional.

Nuestro propio autocontrol es lo que va a permitir neutralizar a las personas de carácter difícil o tóxico sin crearnos enemigos.

4. ASUMIR UNA POSTURA U OPINIÓN INAMOVIBLE

Las personas que carecen de inteligencia emocional se forman opiniones con rapidez y asumen posturas con base en información poco robusta.

Pero además defienden a capa y espada sus ideas sin considerar otras posibilidades o aristas comentadas por otros.

En cambio, quienes son emocionalmente inteligentes analizan sus ideas a la luz de nuevos argumentos e investigan las consecuencias exhaustivamente.

No descartan a priori ninguna opinión.

Esto no solo enriquece sus puntos de vista sino que permite a los demás sentirse considerados y valorados.

Ello es especialmente importante en el caso de quienes se desempeñan como líderes en una organización, por ejemplo.

5. GUARDAR RENCOR Y AFERRARSE AL PASADO

Uno de los hábitos más negativos que es preciso evitar es guardar rencor sobre el comportamiento de otras personas.

Estar a la defensiva es también una respuesta natural al stress y es parte de nuestro mecanismo de supervivencia, pero mantener esta actitud puede ocasionar consecuencias a la salud como enfermedades del corazón e hipertensión.

La clave está en aprender a soltar aquello que no aporta a nuestras vidas y dejar atrás el pasado.

Las personas emocionalmente inteligentes se centran en el presente con verdadera atención y ponen sus energías en lo que realmente vale la pena y deben atender, así como en las actuales posibilidades.

6. MACHACARSE CON LOS ERRORES

Aceptar nuestros errores no significa que los metamos en un cajón y los olvidemos. Implica que aprendamos de ellos.

Las personas con inteligencia emocional ponen en práctica lo que han aprendido de aquello que no les salió tan bien, porque saben que no es tan importante caer como levantarse.

Centrarse en revivir constantemente los errores del pasado paraliza el intento de avanzar y hacer cosas nuevas, además de que nos llena de ansiedad y miedo.

Pero también al olvidarlos de los errores nos arriesgamos a repetirlos. De esta manera, la invitación es a convertir los fracasos en oportunidades de mejora.

7. SENTIRSE INCOMPRENDIDO

Quienes carecen de inteligencia emocional suelen sentirse fácilmente incomprendidos por los demás.

Esto se debe en gran parte a su incapacidad para comunicar lo que sienten y piensan de la forma más adecuada y asertiva posible.

En la medida en que practiquemos una comunicación más efectiva y clara, sabremos dar a conocer nuestros mensajes y también nos daremos cuenta cuando los demás no nos entienden.

Así, será sencillo buscar otra manera para comunicarnos y hacernos comprender.

8. CULPAR A OTROS

Cuando no practicamos el autoconocimiento de nuestras emociones y las gestionamos adecuadamente, tendemos a desconocer la responsabilidad que tenemos sobre nuestros actos y decisiones.

Atribuimos nuestros fracasos a otros y atribuimos nuestros sentimientos a como los demás nos hacen sentir en vez de asumir las riendas.

En este aspecto en concreto debemos recordar que nadie puede hacernos sentir o hacer lo que no queremos sentir ni hacer.

9. FACILIDAD PARA OFENDERSE

Las personas que son emocionalmente inteligentes están seguras de sí mismas y de lo que pueden lograr.

Son flexibles y de mente abierta.

Entienden cuál es la diferencia entre el humor y la burla. Incluso saben que reírse un poco de sí mismas puede aliviar la tensión y el stress cuando las cosas no salen como queremos.

Es difícil que una persona que practica el autoconocimiento y gestione sus emociones de forma adecuada se vea afectada realmente por lo que otros dicen o piensan acerca de ella.

Como se puede comprobar, es posible entrenar al cerebro al practicar aquellas actitudes y acciones que mejoran sus resultados y le proporcionan bienestar.

Es posible sustituir viejos patrones neuronales de comportamiento y actitud, así como desarrollar de esta forma una mayor inteligencia emocional.
En el ámbito laboral como en cualquier otra área de nuestras vidas, mejorar nuestra inteligencia emocional solo aporta beneficios al ayudar a controlar mejor nuestras emociones, afrontar con entereza las dificultades de una manera más constructiva, mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con las demás personas y ver las situaciones con perspectiva y posibilidades.

Sin duda alguna, las personas con mayor inteligencia emocional serán bienvenidas por sus cualidades, tendrán mayores oportunidades y alcanzarán mejor sus objetivos personales y profesionales.

 

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